Muestro las garras, aún cediendo, no te será tan fácil doblegarme. No soy presa fácil, y el cazador se lo tendrá que trabajar.
Pero, bajo la guardia e inmovilizada, pruebo de tu mano el castigo, y a cuatro patas empiezas a contar.
Hasta diez se van sucediendo; descansas, y tu mano arde, pero sigues con la cuenta, y otros diez van detrás. Así hasta cien.
Tu mano dolorida, mi culo ardiente; y en mi cara, mantengo una sonrisa desafiante.
Aún quiero más.....
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